AUTENTICOS MORADORES. IRINA ZOTOVA.

AUTÉNTICOS MORADORES

Los bosques necesitan auténticos moradores. Todo el mundo puede caminar entre los árboles de un bosque, pero no todo el mundo es capaz de entrar realmente en el bosque. Esto no quiere decir que haya quien no lo merezca. Sólo significa que volver a un estado en el que, por ejemplo, apreciemos el oxigeno como el aliento de las hojas verdes, no es ni un camino fácil ni se nos presenta a simple vista. Sólo los auténticos moradores de los bosques pueden conducirte a ese estado. Este es un muy buen comienzo: darse cuenta de lo importante que es encontrar a un verdadero morador del bosque alrededor de ti. El segundo paso es identificarlos. Tal vez tú eres uno de ellos, y sin embargo no lo sabes aun…

Así pues, ahora vamos a entender por qué esto es tan importante … Esto es tan importante porque, gracias a ellos, se puede volver de nuevo al bosque. Pero tal vez, en este punto, hay que parar y permitir que averigües, por tu cuenta, e incluso si este es el momento adecuado, la razón por la que es tan importante, para ti, el volver de nuevo dentro el bosque. Intenta descubrirlo.

Mientras tanto, te presento un buen montón de ellos, de verdaderos moradores de los bosques, porque esa es la mejor manera que tengo para ayudarte a entender cómo son y cómo se puede identificar a uno…

IRINA ZOTOVA

Permíteme introducirte, esta vez, a alguien que es de ese tipo de personas que todos conocemos, pero que descubrimos después de un tiempo, pues aunque cargan una sabiduría enraizada y antigua, no tienen ningún interés en alardear, y no porque sean discretas o modestas, sino porque están muy ocupadas en las cosas más importantes de la vida, en disfrutar sin más, sin rodeos ni complicaciones, en vivir cada segundo como el mejor, sin mitificar ni pasados ni futuros, sin vanagloriarse de los éxitos, ni victimizarse aunque la vida haya sido dura. Como una flor silvestre, de la cual solo se puede apreciar su belleza si se tiene la suerte de estar perceptivos en el momento que se muestra, pues es tan pura y auténtica, que primero tenemos que aprender a observar sin prejuicios y olvidar lo superfluo, y después comprender el lenguaje de su propia belleza.

Así es Irina, una mujer con la que, cada vez que tengo la suerte de coincidir, siempre quedo sorprendida, nunca indiferente. Podría parecer por mis palabras que es una mujer mayor y grave… En absoluto, Irina es una mujer joven y radiante, pero que no se da de forma previsible, sino que te coge por sorpresa y te deja suspendida entre una especie de admiración y frescura cada vez que deja ver uno de sus pétalos…

Para quien conozca Marbella y sus fiestas de noche y de día, de playa y de zona vip, decir que Irina es una de sus habituales con solera hasta el aborrecimiento… Para quien no sepa de que hablo, Irina es como una de esas orquideas que no se impresionan por increible que sea el espectáculo a su alrededor, ni por los huecos aduladores.

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Ella solo te ofrece su sencilla sonrisa, y nunca puedes estar segura de porque te está sonriendo exactamente. Así es que lo mejor que puedes hacer es reirte con ella.

Un día, no hace mucho, de nuevo me cogió por sorpresa. Y tuve el privilegio de presenciar como se mostraba ante mí otro verdadero morador del bosque.

No recuerdo de donde venía la conversación pero Irina comenzó a explicar de tal manera como hacer infusiones con plantas del bosque que cualquier noción que pudiese tener sobre infusiones y tés quedó relegada a la más burda y triste manera de calentar agua y echar cualquier cosa sin sentido ni objeto. Y no era porque lo hiciese mediante ningún tipo ritual elaborado ni complicado, sino el profundo sentido instintivo con el que lo hacía.

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Nos contaba que cada año le pide a su madre, en la fecha adecuada para cada planta, que vaya al bosque a recolectarlas y en su momento las ponga a secar, para después traerlas en alguno de sus viajes a Moscú.

Se trae frascos grandes de cada una de ellas. Y parece que no son uno ni dos, sino bastantes tipos diferentes.

Ya solo esto es más que notable. El conocimiento de las plantas está claro que es una herencia antigua que se ha mantenido a lo largo de muchísimas generaciones, y lo mejor es que se ha hecho por la práctica y la experiencia. Pero esto no es lo más maravilloso, al menos para mí.

Mis preguntas no dejaban de agolparse en mi mente, pero no quería interrumpirla. Así es que continuó contándonos que, se hacía infusiones regularmente con ellas, pero de una manera extraordinaria. No elegía la planta o la mezcla de plantas en base a un recetario de propiedades y beneficios, sino que se dejaba orientar por su olfato. Simplemente abría el frasco, olía a placer la planta y la seleccionaba, o no, si sentía que le apetecía aquel olor… y así la infusión hacía su efecto… como si el olfato se viese condicionado por el estado de ánimo o físico y las necesidades o carencias determinasen el apetito por uno u otro olor, y en definitiva, por una u otra planta. Creo que es sublime, sea una forma ortodoxa o no.

Pero más aun… Irina se lamentaba de que aquí, aunque tenemos los bosques mediterraneos de pinos y demás especímenes autóctonos que ella conoce perfectamente, no disfrutamos del amplísimo rango de olores de que ella nos hablaba en su tierra según la estación, por lo que era dificil que comprendiesemos de qué nos estaba hablando. Cada estación tiene sus plantas, y por lo tanto cada infusión evocaba un momento u otro del año, con todos los estímulos y recuerdos asociados, por supuesto.

Según ella, solo probando sus infusiones podríamos llegar a comprender algo mejor.

Si tenemos en cuenta que los bosques que rodean Moscú forman parte de la Taiga, todo tiene sentido. La Taiga (como explico en el post “Taiga. El bosque más grande del planeta”) “… es la mayor extensión de bosques en el territorio de Rusia. Bosques primordiales que conservan la memoria de los tiempos en que la humanidad empezaba, mientras que la vida silvestre de la taiga atrae la admiración por su riqueza.”

Creo que ahora se comprende mi entusiasmo y admiración ante este morador del bosque, Irina.

Nos prometió hacernos una de sus infusiones algún día. Creo que sabe que sin saber el día, ya lo he marcado en el calendario de ineludibles y que espero que pronto llegue ese día.

Y ya, si nos hace la infusión en un samovar, va a resultar una experiencia sublime…

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